El ego espiritualista

El adherirse a ideas o creencias erróneas es la base del problema psicológico, de confusión y consecuente dolor que las personas viven.  Es la hipnosis de esas ideas que mantiene dicho problema (la ignorancia del error aceptado). Cuando en nuestra vida cambiamos de creencias o ideologías, muchas veces es estimulante y puede parecer  algo  nuevo y mejor. Pero pueden ser otra vez ideas ilusorias alejadas de la verdad, vividas con gran intensidad por lo novedoso y prometedor, pero en definitiva ideas, creencias, filosofías no investigadas ni experimentadas. Es posible adherirse a unas informaciones que expresen mas genuinamente la verdad o así nos lo parezca, pero si las vivimos como ideas, como creencias, no sirven para vivir esa posible verdad que proclaman.

En el camino hacia lo espiritual (la realización) existen aparentemente muchas líneas, con sus ideas, filosofías, religiones o métodos correspondientes. La posibilidad de adherirnos a ellas como creencias, y vivirlas con mucha fuerza obsesiva, sin un trabajo sincero, humilde y experimentador, puede crear una muralla psíquica casi impenetrable. A esa muralla de ideas, conceptos, creencias, con la aureola de espiritualismo, le llamo el ego espiritualista. Este ego al protegerse por  la información nueva y seudo espiritual, llega a la máxima de protección de si mismo, llegando a encegarse de tal manera que la persona que lo vive puede proyectarse como un iluminado,  Santo, Sanador, Guru, Maestro, etc. entregándose al mundo sin entender nada de la verdad de si mismo, (lo autentico espiritual) solo por complacencia ego-centrada; y a confundir a otras personas mas despistadas y débiles que él, y así hacer entre todos las barbaridades mas inimaginables que podamos pensar. Recordemos que en nombre de una nueva verdad  mas justa, Dios, Alá, etc., o  las ideologías políticas que sean, la humanidad ha provocado las atrocidades mayores.

El creerse que se es superior espiritualmente a otros, el no vivir cada instante como totalmente nuevo, el  apoyarse en la información o escrituras de tradiciones como prioridad, el no aceptar la imperfección o equivocación en la mente concreta personal por muy iluminado que se crea estar, la necesidad del apoyo o reconocimiento constante de un grupo o personas simpatizantes. La falta de insistencia en que el ver por si mismos es lo mas importante, y que el guru, el sabio, la energía o quien sea solo muestra un camino para que cada uno con su esfuerzo y visión lo experimente. El retener tensión (odio, rabia, mal estar) aun que sea en pequeña escala hacia los demás. La insistencia de jerarquía mas que la enseñanza de la autentica amistad e independencia real. Todo esto pueden ser algunas indicaciones de cómo se proyecta ese ego espiritualista.

Lo espiritual lo somos todos, lo importante es redescubrirlo, y para ello a lo mejor hemos de pasar por vivir en algún nivel ese ego espiritualista tan fanático ayudador, hablador, pedante, santito e iluminado maestrillo que busca recompensas.

El trabajo esta en el aumento de la sinceridad, el vivir el estado natural de la contemplación sencilla, y una profunda investigación sobre la desidentificación personal.

Hoy en día hay que ser muy hábil para descubrir verdad en el gran hipermercado pseudo-espiritual.

Vivir desde el ego espiritual o en la identificación parcial que estemos, no quiere decir que no podamos conseguir la espiritualización, lo Espiritual lo somos, es la verdad-realidad que somos. Si intuimos eso, y somos buscadores sinceros de la verdad por encima de malestares o bienestares, la Verdad, la Realidad o Espiritualidad aparecerá. Cuando quito todo lo que no es, queda lo que es, el Ser, la verdad lo real. Es la mente que se espiritualiza trascendiendo lo personal, pues lo espiritual o lo real ya es lo que es aquí y ahora como instante eterno.

Desde el reconocimiento y vivencia de SER, se ve todo eso con suma claridad. Centrarse en sí mismo como presente, y dejar de pensarse a si mismo. Observar, observar el observar, atento a la intuición de Ser manteniendo esa atención, vivir el presente objetivo sin interpretación. Ver la falsedad del personaje que se a interpretado o se esta interpretando sin culpabilidad ni huida. Paciencia con la mente obsesiva, emocional, repetitiva y neurótica.  No dar nada por sabido, no fiarse de la verdad de ayer. Todo eso son posibles  indicaciones para la Espiritualización que es la esencia de la Autorrealización, del YOGA.

Jordi Barqué Senar

 

         La Iluminación

Yo solía creer que las gentes devenían efectivamente iluminadas, y que el evento era similar al de alguien que gana el premio gordo de una lotería nacional. Una vez ganado el premio, al beneficiario le estaban garantizadas en adelante la felicidad permanente, la infalibilidad y la bondad incorruptible.

En mi ignorancia, pensaba que estas gentes habían obtenido y que poseían algo que les hacía especiales y totalmente diferentes de mí. Esta idea ilusoria reforzaba en mí la creencia de que la iluminación era virtualmente inobtenible excepto para unos pocos extraordinarios y elegidos. Estos errores brotaban de alguna imagen que yo tenía de cómo debía parecer un estado de perfección. Yo no era capaz de ver que la iluminación no tiene nada que ver con la idea de la perfección. Estas creencias se acentuaban fuertemente cuando comparaba mis inadecuaciones imaginadas con la imagen que tenía de cualquier «héroe espiritual» que acontecía que me atraía en ese momento.

Siento que la mayoría de la gente ve la iluminación de una manera similar.

Ciertamente ha habido muchos, y todavía los hay, que buscan fomentar tales creencias y que, de hecho, han pretendido haber devenido iluminados. Ahora veo que ésta es una declaración tan obtusa como la de quienes proclaman al mundo que pueden respirar.

Esencialmente la realización de la iluminación trae consigo la comprehensión repentina de que no hay nadie ni nada que se ilumine. La iluminación simplemente es. No puede ser poseída, de la misma manera que no puede ser lograda o ganada como un trofeo. Todos y todo es unidad, y todo lo que hacemos al intentar encontrarla obstaculiza su vía.

Aquellos que hacen proclamas de iluminación o que adoptan ciertas apariencias, simplemente no se han dado cuenta de su naturaleza paradójica y suponen la propiedad de un estado que imaginan que han logrado. Probablemente habrán tenido una profunda experiencia personal de algún tipo, pero esto no tiene absolutamente ninguna relación con la iluminación. Por consiguiente, todavía permanecen encerrados en sus propios conceptos individuales basados en sus propios sistemas de creencia particulares.

Estas gentes necesitan a menudo adoptar el papel de «maestros espirituales» o de «maestros iluminados» y atraen inevitablemente a aquellos que necesitan ser estudiantes o discípulos. Su enseñanza, enraizada todavía en el dualismo, promueve inevitablemente un cisma entre el «maestro» y aquellos que eligen seguir la enseñanza. Cuando los seguidores aumentan, el papel exclusivo del maestro necesita ser acentuado.

Uno de los sistemas habituales, cuando se ha adoptado tal papel, es la representación de cualquier admisión o signo de «debilidad humana». Esta situación crea habitualmente distancia entre el «maestro» y sus seguidores.

Como la especialización del «maestro» deviene cada vez más efectiva, y las demandas de los seguidores devienen cada vez más grandes, así, invariablemente, las enseñanzas devienen cada vez más obscuras y enrevesadas. A medida que la obscuridad de la enseñanza aumenta, el cisma se hace más ancho, y muchos de los seguidores devienen a menudo más confusos y sumisos. El efecto habitual entre los afectados puede ser una adulación incuestionable, desilusión, o un despertar y seguir en movimiento.

Sin embargo, estos tipos de influencia han establecido y mantenido una ilusoria sensación de duda e inadecuación en el inconsciente colectivo respecto a la capacidad de la gente para abrirse y realizar algo que es tan natural, simple y disponible como respirar.

Aquellos que han comprendido y abrazado plenamente la iluminación no tienen absolutamente nada que vender. Cuando comparten su comprensión, no necesitan embellecerse a sí mismos o lo que comparten. Tampoco tienen ningún interés en ser madres, padres o maestros.

La exclusividad engendra exclusivismo, pero la libertad se comparte a través de la amistad.

Tony Parsons.